
la vanguardia - El gris inhóspito de una zona industrial de Brooklyn convertido en una colorida zona de chapuzones contra el calor. La toalla en la mano, en lugar de la bolsa de basura. El objetivo: zambullirse en un contenedor. El concepto es sencillo, afirma Jocko Weyland: "No hay muchos sitios en los que nadar en Nueva York. En cambio, los contenedores están por todas partes". La asociación de ideas fue cosa suya. En febrero, el responsable de proyectos de la empresa MacroSea oyó hablar de los contenedores-piscina a través del batería de un grupo de rock de Georgia. Y en mayo, la empresa ya estaba buscando espacio donde ubicarlos.
No hicieron falta muchos argumentos para convencer al presidente, David Belt, que pensó que se trataba de una oportunidad única para experimentar con la renovación urbana mediante elementos poco aprovechados, más que de crear un complejo alternativo de ocio.
Pero desde que inauguraron lo que han bautizado como lo-fi club, el pasado 4 de julio, los contenedores-piscina no han dejado de albergar fiestas, teóricamente secretas, sesiones de fotos e incluso rodajes, que le dan un nuevo sentido a la expresión Dumpster Diving, utilizada para designar a aquellos que se zambullen en los contenedores en busca de todo tipo de objetos.
Un negocio redondo teniendo en cuenta que los contenedores le salieron gratis y sólo tuvo que limpiarlos, añadir un sistema para filtrar el agua y algo de arena para dar una sensación playera, además de comprar unas tumbonas. Según Weyland, lo más caro fueron los 300.000 litros de agua que necesitaron para llenarlos: 1.200 dólares (unos 845 euros).
Belt está encantado, pero tampoco quiere morir de éxito. De hecho, hace poco declaró a la cadena NBC que si se llenaban demasiado los iba a cerrar. Y es que el presidente de MacroSea tiene puesto el ojo en algo más grande. Quiere instalar contenedores-piscina en el aparcamiento de las grandes superficies para que la gente que va a comprar los alquile para pasar el día. "Se trata de crear un espacio para que la gente no sólo compre, sino que se encuentre, aprenda y pueda establecer nuevas relaciones", apostilla Weyland. El invento pasará la prueba del algodón en otoño en Atlanta.
No hicieron falta muchos argumentos para convencer al presidente, David Belt, que pensó que se trataba de una oportunidad única para experimentar con la renovación urbana mediante elementos poco aprovechados, más que de crear un complejo alternativo de ocio.
Pero desde que inauguraron lo que han bautizado como lo-fi club, el pasado 4 de julio, los contenedores-piscina no han dejado de albergar fiestas, teóricamente secretas, sesiones de fotos e incluso rodajes, que le dan un nuevo sentido a la expresión Dumpster Diving, utilizada para designar a aquellos que se zambullen en los contenedores en busca de todo tipo de objetos.
Un negocio redondo teniendo en cuenta que los contenedores le salieron gratis y sólo tuvo que limpiarlos, añadir un sistema para filtrar el agua y algo de arena para dar una sensación playera, además de comprar unas tumbonas. Según Weyland, lo más caro fueron los 300.000 litros de agua que necesitaron para llenarlos: 1.200 dólares (unos 845 euros).
Belt está encantado, pero tampoco quiere morir de éxito. De hecho, hace poco declaró a la cadena NBC que si se llenaban demasiado los iba a cerrar. Y es que el presidente de MacroSea tiene puesto el ojo en algo más grande. Quiere instalar contenedores-piscina en el aparcamiento de las grandes superficies para que la gente que va a comprar los alquile para pasar el día. "Se trata de crear un espacio para que la gente no sólo compre, sino que se encuentre, aprenda y pueda establecer nuevas relaciones", apostilla Weyland. El invento pasará la prueba del algodón en otoño en Atlanta.