¿Qué queda del niño que un día fuimos? Algunos científicos consideran que somos un cúmulo de células que se renuevan constantemente. Pero ¿qué garantiza nuestra unificidad? ¿Qué se ha perdido en el viaje de los años? ¿Somos puro cambio o un mismo proyecto que va desarrollándose?
La fotógrafa argentina Irina Werning, a través de su colección de Back to the Future, nos ofrece la posibilidad de desplazarnos en el tiempo para reencontrarnos. "Me encantan las fotografías antiguas de aspecto retro, de modo que un día me decidí a volverlas a tomar, reviviendo los momentos del ayer en el futuro de hoy", nos dice. Y es que su trabajo consiste en la búsqueda de viejos escenarios para recrear un mismo ambiente, con los mismos protagonistas e idénticos detalles.
Werning, nacida en Buenos Aires y formada como fotógrafa en Londres, comenzó el proyecto en 2010, pero este año ha vuelto anunciando viajes - para encontrar nuevos personajes - a Estambul o Islandia, entre otros lugares.
De este modo, por ejemplo, vemos el retrato de una mujer, que imita la misma fotografía de ella, en lo que parece el pupitre del colegio, en 1956. Más allá del rastro del paso del tiempo, que el vestido sea el mismo y la recreación sea efectiva nos permite centrar la atención en su mirada. Una mirada que intuimos cómo ha sido testimonio de ilusiones y tragedias pero que, sorprendentemente, sigue manteniendo un mismo carácter definitorio. ¿Sólo es cuestión de genética?
En la misma línea, nos encontramos ante la doble imagen de Lea, una bailarina que posa en París, en 1980 y 2011. El gesto se repite y nos puede provocar, cómo no, una sonrisa. Hay algo de resignación en esa sensación. Ternura, tal vez. Pero el mérito de Werning es que consigue, además, una reflexión visual. Lea es una mujer diferente a aquella niña. Pero, a la vez, es la misma. Hay algo que permanece.
Oscar, también de Buenos Aires, improvisa ser un peligroso pistolero en 1978. Veintidós años más tarde, con canas y bastante más peso, vuelve a apuntar. Es un caso muy similar al del niño de Hamburgo que, con un semblante improvisado, muestra toda su fuerza. Esa misma persona, con sombrero de marinero, bañador y sandalias prácticamente iguales, vuelve a alzar los brazos.
El cuerpo, así, se convierte en un contenedor de días y situaciones. Vestigio y huella de existencia. Pero el regreso al futuro que nos propone Irina Werning se convierte en un viaje hacia nosotros mismos. Lo que somos, en lo que nos hemos convertido, pasando por el cedazo - implacable - de lo que un día prometimos ser. Más que una huida, una reconciliación. LAVANGUARDIA.ES


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