Prisioneros mexicanos en el paraíso


En pleno océano Pacífico, enfrente del puerto de San Blas, al que canta el grupo Maná, «pero muy mar adentro», como dicen los costeños del estado de Nayarit, hay un archipiélago paradisíaco que Porfirio Díaz compró hace poco más de un siglo por 150.000 pesos (ahora reducidos a 8.000 euros) y convirtió en colonia penal. Son las islas Marías. Medio millar de presos fueron trasladados semanas atrás hasta allá en una complicada operación aérea y naval. Sus familias irán a acompañarles y pronto serán 5.000 los reos y más del doble los habitantes de un paraíso que, más que los guardias, los tiburones se encargan de recordar que sigue siendo una cárcel.
Las islas Marías albergan ahora a reos de «baja peligrosidad», igual que los vientos de la historia desterraron hasta allí en otras épocas a opositores políticos, asesinos peligrosos, fundamentalistas religiosos –cristeros– o simplemente locos de atar.
El lugar resulta tan atractivo para hacer un centro de ecoturismo juvenil --como proponía en su programa de gobierno el frustrado candidato presidencial izquierdista Andrés Manuel López Obrador, quizá pensando en la cubana isla de la Juventud–, como para concentrar a «capos del narco, secuestradores, multihomicidas y otros delincuentes de perfil peligroso», tal como prevé un proyecto que el Gobierno tiene sobre la mesa.
«Al menos causarían menos problemas, tanto en la cárcel como a la hora de fugarse: los podrían ir a sacar tranquilamente en lanchas o aeronaves, lejos de las guarderías», comentan los mexicanos, abrumados por una guerra del narcotráfico que lleva más de tres años en una espantosa espiral de violencia. Pero los analistas señalan que si se aprueba el proyecto presentado por el Ministerio de Seguridad Pública para «despresurizar penales sobrepoblados y hacer virtualmente imposible el escape de reos de alto nivel», el presidente, Felipe Calderón, «retomará un concepto del porfiriato y convertirá las islas Marías en una fortaleza».
Desbordado
La idea del Ministerio de Seguridad, desbordado por los que están encarcelados casi tanto como por los que no consigue atrapar, es confinar en 12 campamentos penitenciarios de distintos grados de seguridad a más de 10.000 criminales de mediana y alta peligrosidad. Estarán ubicados dentro del mayor islote del archipiélago, la isla María Madre, a más de 100 kilómetros de la costa. «Naturalmente, no bastará como ahora un solo destacamento de la Armada para vigilar esa isla», comenta un funcionario ministerial desde el anonimato. «Y habría que instalar al menos un pequeño ejército de 500 militares y otros tantos custodios», añade.
Las autoridades son conscientes de que, de aprobarse ese plan, difícilmente podrán seguir presumiendo de que «en más de un siglo, jamás se ha registrado un intento exitoso de fuga del penal». Una afirmación ante la que los costeños de Jalisco, Nayarit y Sinaloa esbozan sonrisas y comentan: «Si yo le contara...». Los funcionarios críticos advierten de que, de entrada, la aglomeración de presos peligrosos y poderosos, reacios a colaborar con otros paraísos que no sean los ficticios de la droga, será difícilmente compatible con los campamentos de quienes cuidan huertos y granjas o cultivan camarón donde antaño fueron las salinas. «Quizá solo los soldados superarmados recibirían a ese barco semanal que ahora llega cargado de familiares y recuerdos de tierra continental», dicen en la isla.
Los propios delincuentes de poca monta que han estado en las islas Marías piden: «No, que nos lo dejen para nosotros». Así lo exige un costeño del estado de Guerrero conocido como capitán Karim, que ha estado dos veces y ahora deambula bronceado por el barrio de Tepito, en la capital de México.
Como otros, Karim le pide a la Virgen de Guadalupe y la Santa Muerte, tatuadas en pecho y espalda, que lo pillen «justo en lo que pueda acabar en la sentencia precisa para volver a las Marías». Y si algún despistado pone cara de sorpresa, añade a modo de resumen: «Está de poca madre, mano. Te puedes llevar a la mujer, pescar, cultivar el huerto. Es como unas vacaciones de rico, pero gratis. Y de vez en cuando a todos nos va bien descansar». FUENTE - EL PERIÓDICO
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