‘Camisinhas’ para el carnaval


«Quién me ve siempre, parado, distante, creyendo que no sé bailar/ me estoy guardando para cuando llegue el carnaval», avisaba Chico Buarque en una canción de 1972. El carnaval de Río de Janeiro es esperado como el momento del año en el que el tiempo y las jerarquías se suspenden, y todo, o casi todo, está permitido.
Para millones de personas eso sigue siendo así, y por eso ayer salieron a las calles a bailar, cantar y emborracharse, en un festejo adelantado del gran rito pagano brasileño. Medio millón de turistas extranjeros son esperados en estos días de licencias en los que el Gobierno distribuye gratuitamente 55 millones de condones. Se trata apenas de un pequeño porcentaje de los que se repartirán a lo largo del año como parte de la campaña contra el sida.
Parece un contrasentido que el Gobierno apele a la prevención en medio del culto al desborde. Pero la situación apremia. Según el Ministerio de Sanidad, la mayor parte de los infectados de entre 13 y 19 años son mujeres. Entre los hombres de 13 a 24 años, la principal forma de transmisión es la homosexual.
Acceso más fácil
El carnaval, con sus llamamientos al «sexo seguro», le servirá al Estado como excusa para la entrega sin coste de camisinhas. El Ministerio de Sanidad se propone instalar máquinas que permitirán a los alumnos acceder fácilmente a los preservativos. «Los adolescentes se avergüenzan de ir a un centro de salud a pedir un condón. Por eso es importante aumentar las oportunidades de acceso. El 45% de los adolescentes no usaron profiláctico en la última relación, alegando que no tenían», dijo la directora del programa de lucha contra el sida, Mariangela Simão.
Brasil recupera su normalidad en la segunda quincena de febrero. Las dos semanas previas, el país tiene los ojos puestos en Olinda, Bahía, Sao Paulo y, sobre todo, Río de Janeiro. En esas ciudades, el carnaval es un registro de identidad cultural. Todos querrían estar en el centro de los acontecimientos.
Los candidatos presidenciales irán a los sambódromos. Tal vez se mezclen en los camarotes VIP con las celebridades invitadas: Madonna, Leonardo Di Caprio y Chris Noth, el Mr. Big de Sexo en Nueva York. El carnaval es también un gran negocio que da empleo a casi 300.000 personas y del que no son ajenos grupos al margen de la ley, como los que venden lotería clandestina.
Pero, ante todo, el carnaval se proyecta hacia el mundo con la imagen sensual de una mulata. Es cierto que por las calles de Río desfilan todos. Pero algunos cuerpos lucen más que otros en las pantallas. En medio de ese erotismo naturalizado, no podía faltar la polémica por la inclusión de una menina de 7 años como reina de la escuela de samba Viradouro, una de las 12 compañías que, a partir del día 12, competirán por la mejor puesta de escena en el sambódromo Marques de Sapucai. El Consejo Estatal por la Defensa de los Niños de Río dijo que la presencia de Julia Lira junto a un ejército de mujeres semidesnudas que se contonean a lo largo de 80 minutos «solo aumentaría el tratamiento de los niños como objetos sexuales en la sociedad brasileña». El caso está en los tribunales.
«Cierre los ojos, permítase aflorar los sentidos/ hágalo pleno de emoción para viajar y experimentar», dice la canción elegida este año por Viradouro en homenaje a México. Marco Lira, que es el presidente del grupo, defendió el «talento natural» de su hija para bailar la samba. «Si un hombre se siente excitado al ver a una niña de 7 años debería ir al médico», dijo. FUENTE - EL PERIÓDICO.
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