Parece una metáfora para plasmar las dificultades que tiene la Iglesia en estos tiempos modernos, pero no estamos seguros de que esa sea la intención de Gijs Van Vaerenbergh, un arquitecto belga que ha utilizado 30 toneladas de acero repartidas en 2000 barras para conseguir una estructura que provoca un emocionante efecto óptico.



Cuando la gente se acerca a contemplar la obra, se produce la ilusión de que el edificio se está disolviendo y volviéndose transparente.- visto en nopuedocreer.com



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Francesc Puigcarbó

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