Puede parecer una tontería, pero seguro que alguna vez lo has intentado y no has podido provocarte esa sensación molesta y divertida que hace que no puedas parar de reír. Y es que resulta casi imposible que seas capaz de hacerte cosquillas a ti mismo, numerosos estudios así lo han avalado, por lo que parece una causa perdida. Pero si quieres saber el trasfondo de ella, sigue leyendo y podrás saber y entender por qué no puedes hacerte cosquillas a ti mismo.

Cuando hablamos de hacerte cosquillas a ti mismo, no nos referimos a esas caricias suaves a lo largo de la piel que nos dan escalofríos, sino a la sensación que se experimenta en algunas partes del cuerpo cuando son ligeramente tocadas y que consiste en cierta conmoción desagradable que suele provocar involuntariamente la risa  (así las define la Real Academia Española).

Y para llegar a entender por qué no puedes hacerte cosquillas a ti mismo, es necesario saber cómo se producen. Partimos de la base de que cuando se generan las cosquillas  se activa la corteza somatosensorial, una parte del cerebro humano en la que se reconocen, organizan e integran las sensaciones provenientes de las distintas partes del cuerpo. Y por otra parte, está la propiocepción, es un mecanismo que permite saber al organismo cuando un movimiento o sensación es nuestra, en qué posición nos encontramos o cómo tenemos colocadas las partes del cuerpo.

Aunque anteriormente siempre se había creído que el secreto de las cosquillas se encontraba en la corteza somatosensorial, lo cierto es que estudios recientes demuestran que tanto si somos nosotros o son otros los que las producen esta parte del cerebro humano se enciende de manera muy similar. Por lo que la respuesta a la pregunta de por qué no puedes hacerte cosquillas a ti mismo, no la encontramos aquí, sino en la propiocepción, en el cerebelo. Te lo explicamos.

Hace unos años Sarah-Jayne Baklemore y sus colegas del Instituto de Neurología del University College de Londres nos dieron la respuesta definitiva. Estudiaron con un escáner el cerebro de 16 personas mientras trataban de hacerse cosquillas a sí mismas y más tarde repitieron la prueba haciendo que otro fuera el que se las realizara.

De este modo comprobaron que las áreas que respondían al placer y al tacto se activaron mucho menos cuando las cosquillas se las hacía uno mismo, por lo que llegaron a la conclusión de que la estimulación táctil autogenerada disminuye porque internamente el sistema sensorial predice las sensaciones que van a provocarnos nuestros propios movimientos desde el momento en el que el sistema motor ordena ejecutarlos. Por lo tanto, los autores confirmaron que si no hay sorpresa, tampoco hay cosquillas. QUE.ES
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Francesc Puigcarbó

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