Los ojos flotantes son de los pocos recursos de la ciencia ficción y de la maravillosa serie B que no se han llevado a la realidad; el resto de los avances tecnológicos tienen un precedente más o menos localizable. Vale que son poco útiles, pero, no sé, no hay que pedirles más de lo que ofrecen. Si Sauron hubiera tenido ocho ojos flotantes en lugar de ocho locazas ciegas el anillo no habría pasado de Bree. En fin, era un líder sin recursos, qué le vamos a hacer.
Otto Dieffenbach es el artífice de este ojo flotante a control remoto que da cosica allá donde va. Todavía no es un ojo como tal, ya que no ve, pero siempre se le pueden lanzar mosquitos a la retina cuando esté declarando su amor por otra persona, que es el uso real que tienen los ojos (y los mosquitos).
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Francesc Puigcarbó

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