Cuando sucede solo una vez, no le das importancia. “Qué casualidad”, piensas. Al día siguiente ocurre lo mismo. “No habrá horas en el día…”. Pero tampoco te inquietas. De hecho, te hace incluso algo de gracia. El tercer día comienzas a mosquearte. Y ya, si te pasa un cuarto, un quinto y un sexo día, te inquietas. Un escalofrío recorre tu cuerpo cuando, sin querer, vuelves a mirar el reloj justo a las 11:11. ¿Simple coincidencia?

De eso nada, según los numerólogos. El 11, igual que el 22 y el 33 y el 44 son los conocidos como ‘Números maestros’, unas combinaciones que tienen un significado propio, potente, misterioso y que soportan una carga que los diferencia de los demás. Entonces, ¿qué nos sucede cuando nuestra mirada se fija en el reloj justo a las 11:11? Manuel Álvarez, kinesiólogo y numerólogo, y Daniel Usón, también numerólogo además de médium y vidente, nos ayudan a desentrañar los porqués de esta, aparentemente, fuerza sobrenatural que surge de lo más profundo de nuestro inconsciente.

“La irrupción del 11 en nuestra vida de forma sistemática, representado por ejemplo en el reloj, se considera una revelación, un mensaje lanzado desde nuestro inconsciente”, afirma Daniel Usón. Se trata entonces de una idea proyectada desde nuestra mente que pretende hacernos caer en la cuenta de que “estamos a las puertas de obtener la solución a algún problema, de que las elucubraciones que estamos procesando en nuestra cabeza están alineadas con la solución a alguna dificultad”, completa.

Porque cada número se relaciona con un arquetipo. Manuel Álvarez explica que “el número 1 se conecta con la representación de aquel que es capaz de crear cosas nuevas, de alcanzar vías de resolución. Por eso, el 11, el número doble, tiene un poder tan profundo”. Todos estos conceptos se derivan de la ‘Numerología Pitagórica’, el campo en el que Álvarez es experto: “Este tipo de numerología se fundamenta en la escucha activa a uno mismo; por eso, nuestra mente nos lleva a atender lo que sucede en nuestro interior empujándonos, sin que nosotros podamos hacer nada, a mirar el reloj justo a una determinada hora o a ver representados a nuestro alrededor determinados números”.

Son señales que salen de nosotros para enseñarnos determinados caminos. Aunque no hay que obsesionarse. Usón aclara que “no sirve con ver determinados estímulos de manera aislada. Para que este hecho tenga verdadera relevancia, debe aparecer ante nosotros al menos entre 3 y 7 veces”.

Y si el 11 te predispone a organizar tu intimidad, el 22 se relaciona con la estructura material, según Usón. “Esta combinación te pone sobre la pista de que necesitas dar estructura a tu vida material si no quieres que te suceda algo negativo, invitándote a ordenar tu forma de ser”. Por otro lado, el 33 te empuja a darte a los demás con compasión y amor y el 44 a alcanzar tus metas laborales y profesionales con inteligencia y justicia.

Porque todos los números tienen su sentido, y más los maestros. Pero los independientes, del 1 al 9, suponen la base de ese concepto de ‘Numerología Pitagórica’. Y cada individuo tiene uno personal, también llamado ‘Número natal’. Su cálculo es sencillo: “Basta con sumar todos los dígitos de tu fecha de nacimiento, uno a uno, hasta alcanzar el resultado unitario”, explica Usón. Así, si uno ha nacido el 4 de agosto de 1988, su resultado será el 11(4+8+1+9+8+8=38=3+8=11), o el 1 si se reduce a un único dígito, quedando marcado entonces por la potencialidad de ese número.

Como resulta casi imposible resistirse a hacer la prueba, pedimos a Daniel Usón que nos detalle brevemente cuáles son las características que imprime en cada uno de nosotros el número natal que nos viene dado desde el nacimiento. El 1 se relaciona con la iniciación, el liderazgo, la innovación y el egoísmo; el 2 con la sociabilidad, la diplomacia, la paz y la timidez; el 3 con la alegría, la generosidad, en entusiasmo y la represión; el 4 con la productividad, el realismo, la honestidad y la terquedad; el 5 con la curiosidad, la versatilidad, la espontaneidad y la superficialidad; el 6 con la familia, la compresión, la necesidad de pertenencia a un grupo y el desorden; el 7 con la sabiduría, la serenidad, la introspección y el pesimismo; el 8 con la fuerza, el carisma, la ambición y el egoísmo y el 9 con la tolerancia, la generosidad, la humanidad y la tendencia al endiosamiento.

En definitiva, los números y su representación encierran, según los expertos, muchos más mensajes de los que imaginamos. Sirven para predisponernos a determinadas acciones o actitudes y nos invitan a reflexionar. Y a muchos esto les parecerá una broma. Tal vez, pero tal vez todavía no hayan experimentado el hormigueo que se produce en el cuerpo cuando no puedes dejar de ver en el reloj las 11:11. Y si tú eres de los escépticos, guarda el enlace a este artículo y recurre a él cuando te suceda. Quizás entonces sientas la imperiosa necesidad de encontrar respuestas a aquello que tu inconsciente trata de ponerte frente a los ojos.
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Francesc Puigcarbó

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