En 'El jardín de los senderos que se bifurcan', Jorge Luis Borges dedica un cuento a una biblioteca que contiene todos los libros posibles. Todos, desde uno cuyo texto es la repetición de las letras MVC de principio a fin, hasta cualquier obra ya escrita, e incluso las que se pudieron escribir y no se escribieron. Una biblioteca fruto de todas la combinaciones posibles de 25 símbolos ortográficos. ¿Existe una biblioteca así o es un realmente un cuento? La respuesta podría estar entre los decimales más famosos, los del número pi, 3,14. En realidad se trata de una ristra infinita de decimales sin ningún patrón aparente. Aquí los 10 primeros: 3,1415926535. De estos decimales se han llegado a calcular 22 billones de ellos, y aun así no son nada al lado de infinito.

Aunque hay muchos docentes entregados a mejorar la enseñanza de las matemáticas se necesitan aún más implicados, dentro y fuera de la escuela
De hecho, The Pi-Search Page es una página web que contiene los 200 primeros millones de decimales de pi. En ella hay un buscador que nos permite saber cuántas veces aparece un número determinado en esa millonaria secuencia decimal. Por ejemplo, el día de hoy (130317) aparece 237 veces. Podemos ir más allá, codificar palabras y ver si estas aparecen. Podemos asociar cada letra del abecedario a un número: la letra a sería el 1, la b sería 2, y así… De esta manera, por ejemplo, la palabra casa sería el 31201, un número que aparece 2.070 veces entre estos 200 millones de decimales. La pregunta es: ¿estará cualquier secuencia de números dentro de los infinitos decimales de pi? O dicho de otra forma, ¿podemos encontrar este artículo (previa codificación) entre los decimales de pi?


LAS MÁS ODIADAS

Este martes, 14/3, se celebra el día de pi (3/14, de la notación anglosajona). Un buen momento para reflexionar sobre la importancia de las matemáticas en nuestro mundo. Odiadas por muchos, amadas por pocos, base de la división entre ciencias y letras que nos posiciona de manera vergonzante. Nadie alardea de sus faltas de ortografía, pero cuántas veces han oído aquello de "es que soy de letras", sin vergüenza y, a menudo, acompañado de unas risas de complicidad.

Me comentaba un docente matemático cómo deben cultivarse las pequeñas semillas que planta en sus clases, de lo delicado que es el camino que prepara para apreciar cierta belleza y como todo se echa a perder con un simple "yo odiaba las matemáticas". Las matemáticas fundamentan el espíritu crítico, no hay paso adelante que no requiera comprobación, no hay gatos encerrados, segundas intenciones, ni puertas falsas, solo la verdad. Una vacuna obligatoria para enfermedades tan contemporáneas como la posverdad.

Pongamos un ejemplo: hace poco me mostraron un gráfico que relacionaba un aumento de la delincuencia con el aumento de la entrada de inmigrantes. La noticia culpaba a los segundos de lo primero. Cualquier alumno con mínimos conocimientos de estadística sabe que correlación no implica causalidad y, por lo tanto, ese gráfico no tiene valor acusatorio alguno. Y aun así, se publica. Las matemáticas nos ayudan a discernir, nos permiten tomar decisiones económicas con criterio o comprender por qué cosas que podrían parecer imposibles en realidad son probables. Profesionalmente el matemático se ha diversificado, cada vez más áreas requieren de sus conocimientos, no existe paro para ellos y en algunos ámbitos son realmente muy bien pagados. Las modas pasan, los teoremas persisten.

LAS GRANDES OLVIDADAS

Aunque hay muchos docentes entregados a mejorar la enseñanza de las matemáticas se necesitan aún a más implicados, dentro y fuera de la escuela. Las dificultades en el aula son diversas, quizá la más renovada sea el método. Nadie entendería que aprender música solo requiriese de la práctica de escalas y se olvidaran de la interpretación o de la composición. Las matemáticas van más allá de los cálculos repetitivos y de los problemas aburridos, son creativas, divertidas e incluso adictivas. Son bellas y presentan misterios como el expuesto al comienzo. Pero también debe haber implicación fuera del aula, principalmente de las instituciones públicas, los medios de comunicación y los propios matemáticos.

La gran desproporción entre premios culturales y científicos es enorme. Lo mismo ocurre con los medios: aunque en los últimos años se han incrementado, en cantidad y calidad, las apariciones de matemáticos en ellos sigue siendo anecdótica. Seguramente todo esto es debido a una falta de tradición, pero es necesario, incluso diría que urgente, crear estos espacios referenciales. Pronto necesitaremos muchos más matemáticos en nuestras empresas, pero las matemáticas son sobretodo importantes para construir una sociedad con un fuerte espíritu crítico, libre y capaz de combatir el engaño.- elperiodico.com
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Francesc Puigcarbó

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