Un grupo de periodistas de Irazusta Comunicación acaba de publicar 'ReAprende el español: las 101 cagadas y otras curiosidades de nuestra lengua', un manual que pretende ser una ayuda para pulir esos errores que todos cometemos al hablar y escribir en nuestra lengua.
Confiesa María Irazusta que ella es una maniática del lenguaje desde hace mucho tiempo. Sin embargo, la idea de publicar un libro surgió de manera casi causal. 'ReAprende el español: las 101 cagadas y otras curiosidades de nuestra lengua', un manual del que es autora junto con Beatriz Fernández, Noemí Sánchez y Nacho Miquel, compañeros en Irazusta Comunicación, parte de una experiencia en Facebook. "En la agencia siempre comentamos los errores lingüísticos y hace año y medio comenzamos a hacer entradas en Facebook sobre este asunto", cuenta Noemí Sánchez. Tuvieron tanto éxito que la editorial Bolchiro les propuso montar un libro y se pusieron manos a la obra.
Nacho Miquel subraya que "se trata de interpretar las normas en un tono divertido". Con capítulos breves y ejemplos de personajes ilustres como Lope de Vega, Delibes o el mismo Lázaro Carreter, que también la cagaba, los autores hacen un repaso a los errores más extendidos. Escogieron 101 porque el número les gustaba. De esos nosotros hemos escogido 10 como aperitivo:
Sin eufemismos, Obama es negro: la moda de lo 'políticamente correcto' contamina el lenguaje con frases y expresiones tontas y sin sentido. Obama es negro, no un ciudadano de color.
Nunca digas 'de esta agua no beberé: Como recuerdan los autores, una afirmación semejante no solo es arriesgada, sino también incorrecta. Los sustantivos femeninos van precedidos de un determinante masculino cuando comienzan por 'a' y el acento recae sobre la primera sílaba (El agua, el arma...). Sin embargo, la norma solo se aplica a 'él, un, algún o ningún', excluyendo a todos los demás, como este, ese o aquel.
Descambiar NO es incorrecto: Ahora que estamos en tiempo de rebajas conviene desterrar la idea de que el verbo 'descambiar es una incorrección. "En contra de lo que pudiera parecer y por más que suene extraño a los finos oídos capitalinos, para referirnos a este canje o devolución es totalmente correcto emplear el verbo descambiar", recuerdan.
El efecto Humpty Dumpty: El nombre hace alusión al huevo de 'Alicia en el país de las maravillas', que se vanagloriaba de hacer que las palabras significasen lo que él quería. Sin llegar a este extremo, sí que hay ejemplos de palabras que han cambiado de significado (y han sido aceptados por la RAE) por el consenso de los hablantes. El adjetivo nimio, del latín nimĭus, significaba "excesivo" o "demasiado" y, en la actualidad, ha pasado a ser casi su antónimo: "insignificante" o "sin importancia". Otro ejemplo sería el adjetivo lívido, que cambió de color, pasando del "amoratado" al "intensamente pálido" actual.
Damas y vagamundos. Hacen un repaso a los vulgarismos que acepta la RAE: almóndiga, asín, setiembre o madalena, y sí, también vagamundo.
No carece de lo que adolece. Su uso incorrecto como sinónimo de "carecer" está muy extendido.
Siempre, detrás de ti. Siempre detrás de ti, pero nunca detrás tuyo. Ni delante, ni enfrente, ni encima, ni debajo.
La recobrada dignidad de las minúsculas. Contra el vicio de poner mayúsculas a todos los cargos. Los autores recuerdan que "por muy egregio, ilustre o eminente que sea su portador, los títulos, cargos y nombres de dignidad se escriben siempre con minúscula".
Cuando el más está de más. No es más grande el más mayor, sino mayor el más grande. Porque tan incorrecto es decir más mejor como más mayor.
Dime de qué dudas y te diré de qué padeces: El 'dequeísmo', esa patología también tan extendida.
QUE.ES

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