Los discos de vinilo están bien, suenan bien y reconfortan el alma de los más nostálgicos, pero sufren de una grave carencia: no son comestibles. O al menos, muy poca gente se los come. Ahora existe la posibilidad de reproducir la música en un soporte más sabroso: una tortita. Grabando los surcos en su superficie gracias a un láser, podremos escucharla en un tocadiscos y comérnosla cuando nos apetezca. Es cierto que la calidad del sonido no es perfecta, pero cosas peores hemos escuchado.
Gracias a Roger > IMDB-NOPUEDOCREER.COM
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Francesc Puigcarbó

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