Todo empezó de forma bastante anodina: una pareja de ciudadanos chinos que se registran con el móvil mientras practican sexo en el probador de uno de los almacenes que Uniqlo -una cadena de ropa japonesa con tiendas en todo el mundo que hace años que busca un local en el centro de Barcelona- tiene en Pekín. La pareja subió el video a Weiboo, el Twitter chino. Hasta aquí todo es más o menos previsible. Lo que ya no lo es tanto, de previsible, es lo que vino después: todo un fenómeno viral que ha desbordado los censores chinos, ha enfurecido el gobierno, se ha difundido por todo el mundo y ha forzado Uniqlo en desmentir que todo forme parte de una estrategia de comunicación. Todo, por un minuto de sexo amateur.

Desde Weiboo, el vídeo se extendió como una mancha de aceite por las redes. El martes por la noche las autoridades ponían en marcha los habituales mecanismos de censura, pero el alcance del fenómeno hacía el trabajo muy difícil. El video era retirado pero las capturas seguían siendo accesibles y, lo que es más importante, la historia se difundía de forma imparable, no sólo en China sino en todo el mundo. El gobierno chino, enfurecido, hacía público un comunicado deplorando la acción de la fogosa pareja, a la que acusaba de hacer gala de un comportamiento "antisocialista".

Pero que los chinos no tengan acceso al video no quiere decir que el fenómeno se haya detenido. Las redes son testigos de una nueva moda: ciudadanos haciéndose self ante los almacenes de Uniqlo. Hay parejas que la 'selfie' se la hacen adoptando una postura sexual ante la puerta de la tienda. Todo, muy alejado de los modelos de virtud promulgados durante décadas en el país comunista. No es extraño que fuentes de la administración hayan calificado el vídeo de "virus" que ha "infectado los valores socialistas".


La magnitud del fenómeno ha hecho que las redes hayan terminado para dar salida a las inevitables teorías de la conspiración, con muchos ciudadanos afirmando que todo es una maniobra de publicidad impulsada por Uniqlo, que ha visto como su logo se difunde por diarios y televisiones de todo el mundo. La multinacional japonesa se ha visto atrapada en medio de un fuego cruzado y ha desmentido que todo haya sido una maquinación suya, obligada a quedar bien con las autoridades chinas. Lo ha intentado con un comunidad en la que pide a los clientes que "respeten la moral social y hagan un uso correcto de los probadores". ARA.CAT



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Francesc Puigcarbó

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