Unos 1.000 millones de personas no disfrutan de un trono en el que sentarse a reflexionar. No pueden disfrutar de ese momento de intimidad en el que permanecen a solas con sus pensamientos purgando sus cuerpos y mentes. De esos cinco minutos de sosiego en los que poner en orden los pensamientos del día o en los que volver a disfrutar de esa revista de 2007 colocada en un servilletero del baño. Sin embargo, lo peor de todo no es eso, lo peor de todo es que la falta de higiene que supone deponer al aire libre en algunos países del mundo provoca enfermedades que pueden ser mortales. Cagar al aire libre mata, literalmente.
Para acabar con toda estas muertes es necesario terminar con la defecación al aire libre y llevar medidas higiénico-sanitarias al 15% de la población mundial que todavía no dispone de ellas. "Es importante la construcción de letrinas comunitarias y familiares pero lo es mucho más la aceptación del problema y el cambio de comportamientos: aquí es donde está el verdadero reto", explica el Responsable de Agua, Saneamiento e Higiene de Acción contra el Hambre, Pablo Alcalde.
Un camino que se antoja difícil ya que, además de la inversión necesaria, es necesario afrontar muchos mitos culturales, sociales e incluso religiosos y empezara solucionar el problema. "Mientras que el acceso al agua es percibido por la comunidad como una necesidad básica e inmediata, con el saneamiento y la higiene cuesta mucho más que sea establecido como una prioridad, dado que sus vínculos con la salud y la nutrición, pese a ser importantísimos, no son visibles a primera vista", señala Alcalde.
1.000 niños fallecen en el mundo cada día en el mundo por diarreas provocadas por la ausencia de condiciones higiénico-sanitarias a la hora de defecar, según los datos que maneja Acción contra el Hambre. Una escatológica problemática que ya en 2013 provocó que la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptase una resolución para designar el 19 de noviembre como el Día Mundial del Retrete. Una iniciativa que persigue promover la reflexión sobre este reto mundial y subrayar su vínculo con otros objetivos globales de desarrollo sostenible tales como la educación o la nutrición.
Tanto organizaciones no gubernamentales como multimillonarios filántropos, han puesto en marcha diversas iniciativas que persiguen que la gente deje de expulsar sus detritus al aire libre para que pasen a hacerlo en letrinas que cumplen con unas mínimas condiciones higiénico-sanitarias.
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