Un ciudadano estadounidense de Wisconsin, Tim Friede, se dejó picar un total de 160 veces por varias serpientes venenosas con objeto de fabricar una vacuna que pueda salvar la vida de miles de personas, informa 'The Independent'. Todo empezó con la idea de Friede de volverse inmune ante una eventual picadura de una de sus peligrosas mascotas: una serpiente taipán, una mamba negra, dos serpientes cascabel y una cobra acuática. Posteriormente, se marcó como objetivo intentar poner fin al hecho de que 100.000 personas pierdan la vida anualmente a causa del veneno de las serpientes. "No me detendré hasta que encuentre la vacuna o muera".

Friede no es un especialista ni en bioquímica ni en toxicología y no se sabe nada sobre cómo realiza sus estudios. Su esposa se ha divorciado de él tras de 20 años de matrimonio: "Las serpientes siempre eran lo más importante para Tim", afirma. 
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Francesc Puigcarbó

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