A un hombre de Oregon el hecho de pedir una pizza cada día para cenar le ha salvado la vida, ya que los repartidores se dieron cuenta de que llevaba varios sin llamar.  Existe una historia que cuenta que todos los días Antonio era el único trabajador de la fábrica que saludaba al vigilante de seguridad. Por eso, una noche que nadie se dirigió a él, el vigilante comenzó a sospechar y revisó todo el edificio en busca de Antonio. Se había quedado encerrado y sus saludos cada día le salvaron la vida. Algo así le ha sucedido a un hombre de 48 años de Oregon al que la rutina ha hecho que vuelva a nacer.

Su nombre es Kirk Alexander y, desde hace siete años, pide una pizza cada día para cenar a un conocido restaurante que está cerca de su casa. Pero una noche los empleados se dieron cuenta de que llevaban un total de once días sin recibir pedidos del hombre ni llamadas de él. En seguida comenzaron a sospechar y, como ya sabían que tenía una salud delicada, le llamaron para comprobar que estaba bien, pero nadie les descolgó el teléfono. Uno de los repartidores acudieron a su casa y vieron que, a pesar de que la luz y la televisión estaban encendidos, nadie abría la puerta. Rápidamente llamaron a la policía y se lo encontraron en el suelo inconsciente, pero con vida. Pedir una pizza cada día lo salvó para siempre. QUE.ES
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Francesc Puigcarbó

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