La vida tiene esas cosas. Son los guiños extraños que hace el destino a las personas. En el colmo de la mala suerte, Diego D'Angelo, que participó en el maratón de Concordia, en la provincia argentina de Enttre Ríos, falleció de un infarto de miocardio mediado el kilómetro 8 de la carrera. La fatalidad se convirtió en una burla cuando, al final de la prueba, se realizó un sorteo entre los participantes y el dorsal del finado resultó ganador. ¿El premio? Ni más ni menos que un coche.
La que hubiera debido ser una gran alegría se transformó en una triste metáfora de la vida. Su dorsal, el número 514, resultó ganador del sorteo que se llevó a cabo entre todos los participantes en la prueba. Pero Diego no podrá disfrutarlo. La tragedia se cebó con el corredor de 33 años que en el kilómetro 8 de la prueba se desplomó al suelo a causa de un fallo cardíaco. La prueba, que en realidad constaba de dos distancias, los 5 ó 10 kms. se completó sin más sobresaltos. D'Angelo participaba en la de 10 y a apenas 2 kilómetros de la meta perdía la vida. Tras la prueba la organización sorteó el coche que tocó al corredor fallecido. Una macabra broma del destino. La organización decidió entregar el coche a la familia del fallecido.
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Francesc Puigcarbó

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