Las sabrosas pollas en vinagre ‘Rajoy Edition’, de Miguel Ezpania.

Probablemente Vd. haya oído en alguna ocasión la expresión “pollas en vinagre” o, con más énfasis, “¡y una polla en vinagre!”, una manera despectiva y bastante grosera de echar por tierra un argumento ajeno. ¿Quieres saber de dónde procede esta expresión? Nos lo explica la periodista, gastrónoma y escritora Yanet Acosta:

“En Castilla se llama polla de agua a un pájaro también conocido como gallineta que era habitual tomar frito y en escabeche, es decir, hervido con vinagre. Este plato también se hacía habitualmente con gorriones pequeños, que no dejan de ser pollos, polluelos, pollas… En la época en la que se tomaban ya era un menú escaso y difícil, ahora es prácticamente imposible de tomar”.

Por tanto, se trata de una delicia culinaria, de eso no cabe duda. En Yecla, provincia de Murcia, también se refiere a una delicatessen aunque por aquellos pagos se conocen como “pollas en vinagre” a las sardinillas con guindillas, según el libro de redundante título ‘Insólita Murcia’, de Ismael Galiana.

Otra escuela de pensamiento, sin embargo, se retrotrae hasta el período de la Roma Clásica y desplaza las famosas pollas desde los alevines de los pájaros y las sardinas hacia las “pullas”, es decir los brotes frescos de los espárragos y otros vegetales, que se conservaban en vinagre.

Sea como fuere, cuando Vd. pronuncie un contundente: “¡una polla en vinagre!” no olvide que además de una interjección de índole despreciativa está solicitando un exquisito e improbable bocatto di cardinale.

Strambotic, con información de nuestra querida Yanet Acosta y aderezo de nuestro admirado Alfred López.¡Síguenos en Facetrambotic y en Twitterbotic!
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Francesc Puigcarbó

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