Julie Shann, un británica de 55 años, fue diagnosticada de cáncer de pulmón en fase terminal por su médico de cabecera. Ante la triste y desoladora noticia, decidió ponerse manos a la obra para que el funeral no fuera una carga económica para su familia.
Sin pensarlo dos veces y tan pronto como le fue posible, Shann vendió absolutamente todas sus pertenencias de valor y reunió el dinero necesario para que, llegado el fatal momento, sus allegados no tuvieran que preocuparse por los servicios fúnebres, según publica un medio local.
Pese a todo pronóstico, un mes después Julie seguía vivita y coleando. O-O Y no solo eso, un equipo de especialistas del hospital Hull Royal Infirmary, concluyeron que el doctor que le atendió no estaba capacitado para diagnosticar ningún tipo de cáncer y que, en efecto, ésta no era la enfermedad que ella padecía. 
Después de esta montaña rusa de emociones, la mujer dio una entrevista en la que declaró que preparar sus exequias había sido “desgarrador” y que, tras la buena nueva, había pedido al médico una explicación pero nunca la recibió. Todo un personaje el caballero. Ahora, la ‘resucitada’ está estudiando emprender acciones legales contra el galeno porque “merezco una compensación por todo lo que me hizo pasar“. Me parece perfecto. Ojalá gane la demanda.

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Francesc Puigcarbó

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