Fueron a un restaurante en Albania, pero como tardaban en atenderles decidieron marcharse y buscar otro. La cosa no fue tan sencilla: el dueño del establecimiento salió enfurecido, se echó sobre el capó del coche de los aterrorizados turistas y comenzó a romper la luna del vehículo.
¿Qué pretendía hacer? ¿Entrar por el hueco abierto en el parabrisas? Un parabrisas, por cierto, que es difícil de romper del todo.
Mientras tanto, el conductor sigue conduciendo a cierta velocidad mientras ordena a los pasajeros —suponemos que en albanés— que sigan grabando con el móvil... más aquí
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