Los amantes de la croqueta o cocreta tienen marcado el 16 de enero en rojo en su calendario, porque se celebra el Día Internacional de la Croqueta o cocreta. Su origen es francés (en este idioma croquer significa crujir), que debe ser casi lo único que han inventado de verdad los gabachos, pero triunfa allá donde va. La primera de la que se tiene constancia es de una de trufa con molleja de ave y crema de queso que se sirvió a Luis XIV. A España llegó a mediados del siglo XIX para aprovechar sobras y pronto se hizo muy popular.
A mi, no me gustan en absoluto, pero el chef, o sea la titular de la cocina de casa me las pone cada lunes después del arroz hervido con cebolla i guisantes. I ya es mala pata que unas croquetas que me gustaban que las hacían en su casa en una parada del Mercado Municipal de la Creu Alta, rellenas de pasta de canalones y que estaban de muerte, se las prohibieron por cuestiones de sanidad, o de higiene sanitaria al se fabricadas en casa y transportadas luego al mercado. Chorrada clásica de la administración, que dice velar por nosotros mientras nos casi obliga a comer mierda industrial pura eso si, técnicamente envasada o congelada sobre los cánones que algún idiota desde un despacho ha determinado.
En resumen que aunque el día de la croqueta o cocreta es mañana, yo lo aviso hoy, o sea el día antes, que se jodan.
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Francesc Puigcarbó

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