En pleno desierto de Turkmenistán, un cráter de 69 metros de ancho y 30 de profundidad lleva décadas iluminando la noche con las llamas que arden en su fondo. La versión más extendida cuenta que en 1971 un equipo de ingenieros soviéticos en busca de petróleo instaló allí una perforadora para extraer crudo, pero en su lugar encontró una bolsa de metano que reventó el suelo y formó el cráter. Para controlar las emanaciones, los geólogos prendieron fuego al gas, que lleva ardiendo desde entonces.

Según la primera expedición científica que visitó el lugar en 2013, tal vez el fuego comenzara algo más tarde, en los años 80. Aunque no es el único fuego perpetuo en el mundo, sí es probablemente el más espectacular. El metano parece estar también detrás de la reciente aparición de una serie de grandes cráteres en Siberia.

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Francesc Puigcarbó

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