Cansado de perder el tiempo en ir y volver del trabajo, Frantisek Hadrava decidió pasar de la queja a la acción y se planteó cómo podría ahorrar unos minutos en su trayecto diario. Tras razonar que lo más rápido es ir volando, comenzó a fabricar él mismo un avión casero que utiliza todos los días para ir a la fábrica donde trabaja, en un pequeño pueblo de la República Checa.
Su aventura comenzó cuando eligió no conformarse con una incomodidad a la que hacen frente millones de trabajadores en el mundo: el camino al puesto de trabajo quita mucho tiempo y es especialmente tedioso en grandes capitales como París, Londres o Madrid. Paradójicamente, Hadrava solo tardaba en torno a un cuarto de hora en ir a trabajar, mientras que muchos en las grandes ciudades pueden llegar a invertir más de una hora. Aún así, entendió que podía aprovechar mejor esos 15 minutos y se sumergió en una empresa que le llevaría dos años de esfuerzo y una inversión cercana a los 3.700 euros.

Este cerrajero checo de 45 años consiguió construir un avión ultraligero al que bautizó como ‘Vampira’. Su avión es, en realidad, un pequeño monoplaza, con la cabina abierta y las alas muy largas. Una sola hélice impulsa al vehículo con un motor de 3 cilindros de la marca Verner Checa. En definitiva, más que suficiente para cumplir con su función: ir al trabajo volando, literalmente.
Para su construcción, se inspiró en los aeroplanos norteamericanos Mini-MAX, que reciben este nombre porque su diseño no requiere de una gran inversión monetaria ni de mucho tiempo para su montaje. Son muy ligeros y con muy poco espacio en su interior. En cuanto a su velocidad, no tienen nada que envidiarle a los coches: en concreto, el construido por Hadrava es capaz de alcanzar una velocidad máxima de 146 kilómetros por hora.

Volar directamente a la fábrica le lleva menos de cinco minutos, pero como debe acudir muy temprano (a las 6 de la mañana), el checo no va en línea recta y rodea las casas de sus vecinos para no despertar a los que todavía duermen. Con este generoso inconveniente autoimpuesto, Hadrava tarda entre 5 y 7 minutos, que aún así es la mitad de lo que empleaba antes. Aparte del ahorro de tiempo, el viaje es más placentero, y es que este cerrajero puede disfrutar de las increíbles vistas al sobrevolar las colinas boscosas y las montañas del parque nacional Sumava.
Cuando llega a su trabajo, aterriza en un campo cercano y luego arrastra el avión hasta el aparcamiento de la fábrica, situada en Čkyně, en el sur del país, y en la que elaboran herramientas para la industria forestal.

El primer Mini-Max, el avión en el que se inspira Hadrava voló por primera vez en 1984. Suelen ser de madera y contrachapado y la mayoría tienen también cabinas abiertas. No obstante, este no es el primer aeroplano que fabrica el checo. Además de ‘Vampira’, ha construido una réplica de un antiguo caza alemán, el Fokker Dr. I Dreidecker. Construido durante la Primera Guerra Mundial, el avión original cuenta con un motor de de 110 caballos, puede llegar a los 6.000 metros de altitud y alcanza una velocidad de 165 kilómetros por hora.

Aún así, era más lento que los aviones enemigos. Sin embargo, destacaba por su capacidad de manejo y se convirtió en uno de los mejores medios de combate aéreos. El célebre aeroplano también contó con un famoso piloto, Manfred von Richthofen, más conocido como el ‘Barón Rojo’ por el color con el que pintó su avión.
Aunque no lo parezca, el proceso de construcción del Fokker es bastante asequible y, eso sí, tiene pegas: solo puede volar durante 80 minutos porque tiene que recargar combustible. A pesar de ello, es relativamente barato de producir y, por tanto, de imitar.
Hadrava tiene intención de continuar con su curiosa afición y planea fabricar otro aeroplano. Esta vez, se quiere basar en el Deperdussin Monocoque, un avión de carreras francés de 100 años de antigüedad. En este caso, el vehículo es conocido porque en su momento superó el récord mundial de velocidad, más de 200 kilómetros por hora.

Quizás, Hadrava planea utilizar esta reliquia para llegar aún más rápido al trabajo o puede que simplemente quiera seguir adelante con su pasión por los aviones. En cualquier caso, lo cierto es que la atracción por las máquinas voladoras no es única de este hombre. En los últimos años, son muchos y muy variados los casos de personas que, por su propia cuenta y con mínimos recursos, consiguen fabricar un avión.
En España está Pascal, un vallisoletano encargado de estaciones de servicio que se ha dedicado a fabricar diversos artefactos entre los que figura un Vans RV-6A, un tipo de avioneta casera. Más recientemente, se dio a conocer cómo el etíope Asmelash Zerefu fabricó una avioneta, desde cero, con materiales que consiguió en mercados y talleres.
En Estados Unidos se trata de una afición algo más común y hay empresas que ofrecen paquetes de piezas e incluso guías para que personas sin un conocimiento elevado se aventuren con este peculiar pasatiempo. Eso sí, hay una gran diferencia entre construir una réplica de un avión histórico a utilizar una avioneta casera para ir al trabajo, y el premio de la originalidad y la innovación se lo lleva Frantisek Hadrava, que ahora podrá contar con diez más cada día para disfrutar su ‘hobby’. 
visto en cookingideas.es via parecedelmundotoday.com

 
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Francesc Puigcarbó

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