Los Toraja son un grupo étnico indígena de unas 650.000 personas que vive en la región montañosa del sur de Sulawesi (Indonesia) y tiene una manera muy diferente a la de Occidente de vivir el duelo después de la muerte de un ser querido: los muertos nunca “mueren del todo”, sino que continúan acompañando y compartiendo momentos con la familia, incluso años después de haber fallecido. 
Se sigue compartiendo la vida doméstica con los difuntos, las oraciones cotidianas e incluso las comidas, disponiendo de sus propios platos y bebidas. Por la noche, les dejan siempre la luz encendida, y también les acarician y hablan. Aquí os dejamos un reportaje que National Geographic ha hecho a este pueblo en el que se explica este rito funerario. ¡No os lo perdáis! 


 “No tenemos miedo de los cuerpos sin vida, porque el amor hacia nuestros ancestros es mucho más grande que nuestro miedo”, explica un miembro. Esta práctica busca convivir con la muerte de forma cotidiana y, para poder conservar el mayor tiempo posible los cuerpos de los familiares fallecidos y evitar la putrefacción, los cadáveres son momificados con formol. Normalmente, las personas más pobres solo se pueden permitir unas pocas semanas, mientras que los más adinerados pueden llegar a tener a sus muertos junto a ellos varios años. 
Al mismo tiempo, esta práctica también permite a los parientes del fallecido prolongar los funerales hasta tener los búfalos suficientes para sacrificar en honor del difunto, pues se consideran el “vehículo” que permite al fallecido llegar al más allá, y reunir a toda la familia y a los parientes más lejanos para darle el último adiós. Años después de ser enterrados bajo tierra, los difuntos del pueblo Toraya son exhumados para cambiarles sus vestimentas, así como para aportarles comida e incluso cigarrillos. Esto permite a los familiares rendir nuevamente un pequeño homenaje a sus ancestros y “presentarles” a los miembros de la familia que no han llegado a conocer. CABROWOLRD.
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Francesc Puigcarbó

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