En la medianoche del 23 de julio una mujer de unos veinte años pasaba frente a una playa de estacionamiento en la ciudad de Kyoto, cuando un hombre sentado dentro de su auto la llamó, “¿Podría ayudarme a arreglar mis frenos?”.
Una petición aparentemente inocua a la que la mujer accedió. A continuación, tal como el hombre le pidió, se metió en el asiento del conductor y comenzó a bombear el pedal del freno. Sin embargo, de repente el hombre se acomodó en el piso del asiento del conductor, le quitó las sandalias a la mujer, y comenzó a lamerle las plantas de los pies, acto que llevó a cabo durante unos 30 minutos.
Probablemente por el estado de shock por lo que estaba sucediendo, o por temor a que el hombre pudiera tener un arma, la mujer no se resistió. Sin embargo, la mujer aprovechó una distracción del hombre para sacar su teléfono y comenzar a grabar el asalto.

Cuando por fin terminó, el hombre dijo “gracias” y la dejó ir. Al salir la víctima también tomó nota del número de matrícula del auto. Estos elementos de prueba fueron de gran valor cuando se informó del incidente a la policía de la prefectura de Kyoto.

El 7 de noviembre la policía anunció la detención de un hombre de 56 años que se sospecha es el autor del asalto. También revelaron que se cree que el hombre está conectado a otros seis casos notificados de asalto con lamedura de pies contra mujeres jóvenes, que han tenido lugar en la zona de Fushimi desde 2012. Incluso le dieron al pervertido autor el apodo de “lamedor de pies”, demostrando que la Policía de Kioto no pierde el tiempo pensando en apodos excesivamente complicados.

Según los informes, el sospechoso niega los cargos, diciendo que “no recuerda” haber cometido los crímenes. Si está diciendo la verdad, entonces se suma otra capa de extrañezas a esta serie de ataques.

La lección de esta historia es clara: mujeres, no hablen con hombres extraños en la calle en medio de la noche… De hecho, simplemente no hablen con hombres en absoluto. Si este sospechoso es el tipo de gente que estamos produciendo en estos días, quizá deberíamos saltarnos una generación en la procreación hasta ordenar las cosas… - periodismo.com
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Francesc Puigcarbó

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