El vino tinto y el queso, si son de cierta calidad, hacen una muy buena pareja ("maridaje", que dirían los entendidos).
Normalmente, el proceso que se sigue para consumirlos se reduce a llenar una copa o vaso con el vino y preparar un platito con el queso cortado a trozos con más o menos arte. Entonces, el comensal elige si primero bebe y luego come, o viceversa.

Una elección que, con la propuesta de los chupitos de queso para vino, se ve limitada de forma importante: nos vemos obligados a primero beber y luego comer.
¿Eso representa un problema grave? Lo mejor será probarlo. Veamos como es el proceso de elaboración. No parece difícil.


Visto en IncredibleThings , via nopuedocreer.com
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Francesc Puigcarbó

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