El desafío propone recitar palabras que empiecen por todas y cada una de las 27 letras del alfabeto mientras un compañero te rasca o agujerea con la uña o algún objeto punzante. Heredero de 'La ballena azul', llega a España un nuevo y peligroso juego de moda entre los niños y adolescentes: 'el abecedario del diblo'. Sin embargo en este caso, y pese a las sádicas reglas del juego, el reto viralizado no acaba necesariamente en suicidio, tan 'solo' en mutilación.

El jugador tiene que recitar en orden todas y cada una de las letras del abecedario -de la 'a' a la 'z'-, y decir una palabra que empiece con cada una de las 27 letras -en el caso del alfabeto español-, mientras un compañero le rasca el dorso de la mano con las uñas (hasta hacerle incluso sangre). Otra de las variantes del sangriento juego consiste en hacerse uno mismo los cortes.

En versiones algo más extremas (y salvajes) se utilizan objetos punzantes, como tijeras e, incluso, hojillas de afeitar o cuchillas de cúter. Estas púas o estiletes producen heridas dolorosas, que pueden llegar a tener entre tres y cinco centímetros, tardan varios días en cicatrizar y pueden generar complicaciones.
El 'juego' ha sido detectado por una madre de Mieres (Asturias), que vio cómo su hijo de 8 años se cortaba dos heridas en el dorso de su mano. El menor acabó confesando que jugaba al 'Abecedario del diablo', y una amiga de la madre ha decidido hacerlo público para poner en alertar a otros padres y educadores.
La Asociación Contra el Acoso Escolar de Asturias (ACAE) ha pedido a docentes y padres que estén atentos para detectar estas marcas. Y que si se descubren en las manos de algún familiar o amigo, se acuda a un centro de salud a curar las heridas y, acto seguido y con premura, a la policía, para denunciar los hechos. La Policía Nacional no ha registrado hasta el momento -jueves por la tarde- ninguna denuncia, aunque sí ha asegurado que conoce varios casos y que está actuando de oficio en los centros educativos para lograr para atajar el problema. - elperiodico.com
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Francesc Puigcarbó

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