El coche de caballos, revestido de gala, porta la urna de metacrilato que lleva en su interior el féretro del difunto.El coche de caballos, revestido de gala, porta la urna de metacrilato que lleva en su interior el féretro del difunto.
Tres de la tarde de un caluroso 23 de mayo. Cerca del Bar Citroën, a escasos metros de la Plaza de España, varias parejas de turistas observan con extrañeza un coche de caballos muy distinto a los que se encuentran aparcados en este enclave. No es de pasajeros. O sí, según se tenga en consideración, pues a quien presta servicio viaja hacia la eternidad. El cochero no luce pantalón gris ni polo blanco, como lo hacen -uniformados- la mayoría de los que se dedican a este oficio. Lleva una indumentaria propia del siglo XIX. Detrás, una enorme urna de metacrilato de la que penden dos coronas de flores. Dentro, el féretro de José Manuel Ruiz, un sevillano que antes de morir expresó su deseo de que, llegado el desenlace de su vida, lo llevaran al Parque de María Luisa, el lugar donde solía acudir cada vez que disfrutaba de unos minutos libres.

Este tipo de servicio lo presta la empresa Cavufal. Los familiares de los fallecidos, que así lo deseen, pueden solicitar un traslado en coche de caballos, a semejanza de los que se celebraban hasta principios del siglo pasado. La empresa ha efectuado desde marzo 30 servicios de este tipo. Según sus representantes, el coche de caballos no tiene ningún coste añadido respecto al vehículo fúnebre. Los dolientes, además, pueden decidir el itinerario que consideren más idóneo para despedir a un familiar.
Así lo hizo este martes María del Carmen Rebollar para dar el último adiós a su esposo. Ambos solían venir a la Plaza de España "a pelar la pava" cuando eran jóvenes. Vivían cerca del parque. En números distintos de Menéndez Pelayo. Fueron novios durante 10 años. Después han estado casado más de tres décadas. Una enfermedad degenerativa impidió hace tres años que su marido volviera más a pisar estos jardines. "Siempre que teníamos un hueco libre traíamos a nuestra hija a jugar aquí", recuerda su viuda, quien explica que a su marido le encantaba hablar sobre las distintas glorietas del parque, los bancos cerámicos de la Plaza de España, los materiales de los que están fabricados y su historia. "Se conocía el Parque de María Luisa como si fuera su casa. Por eso lo hemos traído aquí, donde fue tan feliz", apostillaba esta sevillana.

El recorrido comenzó este martes desde el Tanatorio de la SE-30, gestionado por la compañía Mémora, con la que trabaja la empresa Cavufal. Llegó a la Plaza de España y desde allí se dirigió por el Paseo de Colón -pasando por delante de la Torre del Oro y la plaza de toros- hasta el cementerio de San Fernando, donde fue incinerado. El coche iba tirado por dos caballos de raza holandesa, con plumeros negros y mantas de gala. El cochero vestía de época. Así se despidió, con aires románticos y a más de 30 grados, este sevillano de su rincón favorito, el parque de la felicidad. Ése era su deseo: volver, a trote, a los viejos sitios donde amó la vida. diariodesevilla.
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Francesc Puigcarbó

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