¿Habíais escuchado alguna vez este término? Es el resultado de la palabra “freegan” (libre y gratis) y “vegan” (vegano) y se usa para referirse a aquellas personas que abogan por la comunidad, la generosidad, la libertad y la cooperación en contraposición al materialismo, la apatía social y la competición. Así es como se describen en la página oficial del movimiento, en castellano, www.freegan.info. Quizás vegano deberia definirse como gilipuà o desinformado, pero esta es otra historia o histeria en el caso de los activistas veganos.

ME SONABA EL TEMA CUANDO LO HE VISTO Y HE RECORDADO HABLER HABLADO DE ELLO EN 2012 - DE LA BASURA TAMBIÉN SE COME.

Allí apuntan que ser freegano, también adaptado al castellano como “frigano”, supone un boicot total “a un sistema económico, donde el beneficio ha eclipsado las consideraciones éticas y donde complejos sistemas de producción masiva aseguran que todos los productos que compramos tengan impactos perjudiciales, la mayoría de los cuales ni siquiera habíamos considerado”. Por ello, evitan a toda costa beneficiar de alguna manera u otra a cualquier compañía productora y comprar lo menos posible. De esta manera luchan contra la producción en masas motivada por el beneficio.
La principal estrategia para luchar contra esta situación, y a la que se han sumado en los últimos años muchos millnennials, es la recolección urbana o también conocida como “dumpster diving”. Consiste en buscar entre los restos de los productos y alimentos que son desechados por comercios mayoristas, viviendas, oficinas u otras instalaciones en busca de bienes útiles. La idea es que estos sean seguros, utilizables, limpios y en condiciones casi perfectas para su consumo. Esta práctica se puede hacer de forma solitaria, pero hay quienes la hacen en grupo hasta el punto de que descubren más personas que piensan y viven una vida prácticamente similar a la suya.
Con estas recolecciones demuestran a la sociedad que existe un derroche de productos exagerado dentro de una sociedad consumista basada en que producir cuanto más es mejor, incluso aunque no exista una necesidad como tal. Esto hace, por ejemplo, que productos que están en buenas condiciones sean lanzados a la basura porque se ha pasado la fecha de caducidad (no acorde con el estado de la comida) y se repongan por otros que son una copia.

No solo tiene que ver con revolver en una basura. Hay diversas maneras de sentirse parte de este movimiento: reciclando al máximo los materiales de casa, usar la materia orgánica como abono para la tierra, reparar objetos antes que reemplazarlos por otros, uso de coches con motores diesel que transforman en “greisel” (carburante vegetal), ocupan pisos vacíos en las ciudades y manteniendo una vida saludable en torno al mundo ecológico. Estos son algunos de los detalles que hacen de este movimiento, no solo un modo de vida, sino una reivindicación constante de que la sociedad debe cambiar el chip en muchos sentidos.

Ya, ahora, es cada uno, quien en menor o mayor medida lleve a cabo estas acciones dentro de su vida. En mi barrio hay unos cuantos, antes les llamábamos pobres o algo así. Hay un chico sordomudo que és un crack revolviendo los contenedores.
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Francesc Puigcarbó

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