En 1939, durante la feria internacional celebrada en Nueva York, General Motors publicó una película titulada Futurama en la que vislumbraba cómo sería el mundo del futuro en un por aquel entonces lejano 1960. Ya entonces, el gigante automovilístico americano flirteaba con la posibilidad de unas autopistas en las que «los automóviles mantendrían una velocidad y una distancia de seguridad constante sin intervención del conductor mediante sistemas de radiofrecuencia». 70 años después, y aunque con más de medio siglo de retraso, esta optimista visión parece estar más cerca de convertirse en realidad que nunca

La conducción autónoma no es nada nuevo. Si bien a finales de la década de los años 40 la industria ya imaginaba este escenario, no fue hasta los 60 cuando se comenzó a asegurar que los automóviles autónomos podían convertirse en realidad. Durante la década de los 80, la misma GM, junto a la Carnegie Mellon University, pusieron en marcha el proyecto Navlab I sobre la base de una furgoneta Chevrolet, al que le seguiría en 1990 el proyecto Navlab II, en este caso sobre un Humvee militar con capacidad para circular tanto dentro como fuera del asfalto.
En Europa, mientras tanto, el proyecto Prometheus, el acrónimo en inglés del programa para una eficaz gestión del tráfico y la seguridad sin precedentes, auspiciado por Eureka, la asociación no gubernamental europea para la investigación y el desarrollo, y con Mercedes-Benz y la Universidad Bundeswehr de Munich al frente, comenzó en 1985 con sus investigaciones sobre la conducción autónoma, que en 1995 culminaron con el viaje autónomo de un Mercedes Benz Clase S que realizó el trayecto de más de 1.000 kilómetros que separan Múnich de Dinamarca sin apenas intervención del conductor. Hace 20 años, este Mercedes Clase S fue capaz de superar los 175 kilómetros por hora y realizar de manera autónoma adelantamientos a los vehículos que le precedían. 
Desde entonces, los ejemplos se han multiplicado y fabricantes de automóviles, e incluso empresas tecnológicas como Google y Apple, se han lanzando a la creación de su propio automóvil autónomo.

LA FÓRMULA EXISTE Desarrollar sistemas que permitan a un automóvil desplazarse por sus propios medios no es en realidad tan complejo: unos sensores, unas cámaras, servomotores para accionar los controles y la fórmula ya está hecha. Eso sí, lo difícil es conseguir que lo haga de manera segura tanto para sus propios ocupantes como para el resto de los usuarios de la vía. Por ese motivo, más allá de las necesidades tecnológicas necesarias para confiar nuestros desplazamientos a nuestro vehículo, la conducción autónoma requiere de un desarrollo mucho más complejo de los propios automóviles, las infraestructuras de carreteras y ciudades e, incluso, de la legislación vigente. EP.COM
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Francesc Puigcarbó

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