Millones de estas simpáticas pequeñas figuras, con gorros rojos puntiagudos y conocidas en el mundo entero, protegen las flores y árboles en viviendas. 
Los gnomos son unos seres diminutos, que miden entre 15 y 20 centímetros, y a los que se les atribuye vivir en zonas boscosas o desconocidas. Antiguamente se les denominaba “gentecilla” al no saber definirlos muy bien, pero de lo que no hay duda es que han sido inspiradores de miles y miles de relatos, cuentos infantiles, películas y hasta series de televisión, en donde siempre han sido caracterizados como simpáticos y sabios, aunque recelosos de ser vistos por los humanos a pesar de su bondad y amabilidad.
Conservan tradiciones milenarias y se les atribuyen algunos poderes sobrenaturales que les permite tener acceso a cualquier lugar del planeta. Viven en armonía con la naturaleza y tienen un carácter tímido pese a vivir cientos de años. “Gnomo” es un título genérico de los espíritus naturales del elemento tierra. Para algunos el término proviene de la palabra griega “gnosein”, que significa "conocer”, y para otros derivaría del latín.
Los gnomos, en definitiva, forman un pueblo sobrenatural de seres muy pequeños y casi invisibles, dotados de singular astucia y amigables. Aunque no se conozca demasiado de ellos y las teorías de sus orígenes y tipos sean muy variadas y hasta rocambolescas, suelen representarse en cerámica, resina o madera en los jardines de algunas casas como guardianes e imanes de la buena suerte.

Pero la variedad de los gnomos de jardín tiene una tradición y un origen muy marcados, y ambos se sitúan en Alemania, donde uno de cada seis jardines alberga algún gnomo y conforman una población de más de 30 millones. Popularmente se describe a los gnomos como hombrecillos barbudos y de rasgos marcados, con la piel bastante rugosa, posiblemente porque su edad oscila entre los 450 y 500 años, que visten ropa ajustada de colores vivos y que tienen unas capuchas acabadas en punta que miden más o menos lo que ellos, unos15 a20 centímetros.
Son grandes conocedores de los secretos del subsuelo de la tierra y están dotados de poderes inimaginables. Son muy difíciles de encontrar o ver, a pesar de que ellos hacen todo lo posible por forzar los encuentros con los humanos y habitan en el interior de grandes troncos de árboles huecos, o también bajo tierra.
Cuando estos seres se sienten amenazados, ya sea por algún animal o el hombre, se dice que son capaces de transformarse en una seta y que de esta manera pasan inadvertidos. Su presencia se ha situado mayoritariamente en los Países Bajos y Laponia, aunque su tradición se ha exportado a prácticamente todo el mundo en distintas variedades.

La representación de estas figuras apareció por primera vez en Turquía, en la región de Anatolia, en el siglo XIII y, posteriormente en Italia, en el siglo XVI, aunque el origen de esta variedad de gnomos de jardín se sitúa en el estado minero de Turingia, en Alemania, en el siglo XIX.
La teoría más aceptada relata que los gnomos de jardín podrían hacer referencia a réplicas de los pigmeos que se reclutaban para llevar a cabo duros trabajos en las minas hace siglos, y que quedaron grabados en el imaginario colectivo porque utilizaban sombreros rojos rellenos con paja para protegerse de posibles derrumbes. Sus prendas de colores llamativos para poder ser vistos en medio de la oscuridad de los trabajos en el subsuelo también fueron heredadas por los gnomos a la hora de ser representados.
Siglos después, en Alemania, los artesanos locales elaboraron de manera artesanal los gnomos tal como los conocemos, con barbas blancas pobladas y sombreros puntiagudos. Pintados a mano comenzaron a imponerse como obras de arte e impulsados por los mitos locales empezaron a instalarse en los jardines de todo el país con la creencia de que atraían la buena suerte y protegían la naturaleza donde se instalaban.
Al principio se esculpían a mano y después se creaban moldes que se rellenaban con arcilla. Más tarde, se cocinaban al horno para que se consolidara esa masa y se hicieran resistentes y, por último, se pintaban a mano para luego enviarlos a todo el mundo. Así fue como surgió una industria que no solo ha traspasado fronteras, sino que se ha exportado a todo el mundo y se ha expandido gracias a la televisión y al cine, aunque manteniendo siempre la simpatía y amabilidad de estos pequeños sabios que nos ayudan a amar la naturaleza. - elpais.es


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Francesc Puigcarbó

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