Cada año, la industria de los regalos absurdos nos sorprende con un nueva creación que se pone de moda y que supera en estulticia la anterior. Si hace cinco años nuestras meninges sufrieron de lo lindo con el trueno de las vuvuzelas, hace cuatro sudamos con el tejido de bajísima calidad de las batamantas y últimamente andábamos golpeándonos con los orgullosos dueños de los palo selfies en el centro de las grandes ciudades, ahora llega el invento estúpido definitivo: el brazo selfie.
El brazo selfie no engaña a nadie. Es un brazo de plástico, como arrancado a un maniquí, para hacerse un selfie. Pero quien lo compre no lo hará porque necesite unos centímetros más que alarguen el tiro de la foto, sino porque necesitan llenar un agujero en su alma. Con él se pueden tomar instantáneas en las que parece que hay otra persona a la que están agarradas. Al sostenerlo, parece que tendremos un amigo.



Tan triste y tan absurdo como eso. El invento ha sido diseñado por los artistas Aric Snee y Justin Crowe. Según parece su intención es que los que se hagan autofotos no parezcan narcisistas, ya que con su creación parece que otra persona está realizando la acción. De momento es solo un prototipo hecho de fibra de vidrio, y no sabemos si llegará a producirse en masa. Aunque en un mundo en el que los bozales para perros con forma de pico de pato tienen su público, todo es posible. - YAHOO.ES
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Francesc Puigcarbó

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